Artistas en el Áula

Paisaje Minero

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  • Artista: Fina de Ángeles
  • Disciplina: Flamenco
  • Centro: IES Reyes de España, Linares (Jaén)

Se trata de una fusión de microhistoria minera en la que un fresco de Francisco Baños existente en el santuario de Linarejos ha sido llevado al teatro acompañado de tarantas y peteneras.

Pablo Jesús Lorite Cruz (Doctor en Historia del Arte) | IES Reyes de España, Linares (Jaén)

En la bóveda de cañón del lado de la epístola del Santuario de Nuestra Señora de Linarejos, patrona de la ciudad de Linares, el pintor neocubista Francisco Bañós realizó en 1971 un fresco en el que se pueden observar dos escenas; una, un accidente en las entrañas del subsuelo, y otra, a las mujeres de los mineros llorando por lo acaecido. Se refiere al milagro de la mina del Madroñal, en la que todos salieron ilesos por intercesión de la Virgen; si bien responde al temor de la vida diaria de los mineros y sus familias, a la principal petición que tantas personas que han creado la historia de a pie de la mina han encerrado esos sagrados muros sin que hayan trascendido sus desgracias a la historia.

Cuando tuvimos el primer contacto con Fina de Ángeles, ella venía con una idea artística muy práctica y, al mismo tiempo, sugerente: practicar los sentimientos usando los palos del flamenco. Fueron muchos los palos que el alumnado trabajó durante las sesiones, si bien había dos que nos despertaron un llamativo esmero para el proyecto; uno alegre, la taranta, típico de Linares, como el cante al término de la faena en las minas hasta que la cabria los devolvía de la oscura profundidad o en las tabernas donde el alcohol los despojaba de cualquier idea económica de ahorro. El otro, triste y de mal augurio, la petenera, el palo utilizado en los funerales como un canto popular de respeto al que estaba de cuerpo presente.

Ambos palos eran idóneos para trasponer a una pequeña representación de teatro el fresco de Francisco Baños, no como un signo sobrenatural de la Virgen María, sino como una desventura de la vida diaria de los mineros; no solo en Linares, sino trasladable a otras ciudades fuera de Andalucía, como pueden ser Almadén o La Unión, entre otras donde el flamenco, en otros palos, también tiene parte de su evolución histórica. Era llevar al arte dramático la canción de Víctor Manuel que relata el mismo infortunio en tierras asturianas.

Lo primero que necesitábamos era un guionista. Entonces, el director de teatro Juan Francisco Rodríguez Martínez se prestó a crear un pequeño texto —fácil para los niños— en el cual se representarían dos escenas. En la primera, cuatro mineros jugarían a las cartas y beberían vino en una taberna, disfrutando de su paga, malgastándola y conversando sobre el duro trabajo en la mina frente a los que se aprovechan de sus huesos, buscando solo un interés económico —trasladar el poema Andaluces de Jaén de Miguel Hernández del olivar a la mina—. Esta escena terminaría con la llegada de tres mujeres que traerían la terrible noticia de un fallecido en el filón.

La segunda escena sería el salón de la vivienda minera en donde siete mujeres, de riguroso luto negro (como mandaba la costumbre), esperan la llegada del difunto para prepararlo para el velorio. Viuda, suegra del fallecido y hermanas discutirían la existencia de Dios, enfrentadas a vecinas sumamente piadosas que rezan el Rosario y se escandalizan de sus palabras junto a una botella de aguardiente, bebida acostumbrada en esta situación. Terminaría la obra con la llegada de los cuatro mineros que jugaban a la baraja española portando en una camilla al muerto, quien sería recibido por la viuda y llevado por todos los presentes en procesión a una ficticia sala en donde sería amortajado.

La obra dramática sería narrada mediante el cante flamenco de Moisés Moreno Heredia, alumno invidente de educación específica de nuestro centro, que a lo largo de la trama declamaría una poesía acompañado de música turca (Gulumcan) para mezclar composiciones de otros lugares y cantaría dos tarantas y dos peteneras que apoyarían la trama a modo de narración de lo que estaba ocurriendo en cada momento y los actores conversaban.

Para una ambientación se realizó un estudio de microhistoria, en donde nada estaba al azar en los objetos (pitorro en la botella de vino, anís barato, billetes de 500, 1000 y 5000 pesetas, pañitos de croché…). Respecto al vestuario, los niños vestirían con camisas de época abiertas hasta el tercer botón y pantalones oscuros; las niñas de negro con velos y el difunto tapado con un velo blanco.

Es evidente que nada de esto se podría haber realizado sin una buena dirección teatral como la de nuestra compañera de educación específica Antonia Carmen Ruiz Hinojosa. Agradecemos el acompañamiento del tutor de 3º de ESO, Alejandro Delgado Serrano. Y, lo que consideramos más importante, la colaboración y seriedad de nuestros alumnos y alumnas de 2º y 3º de ESO, que han trabajado con un interés impropio de su edad, sin dejar nunca de lado la gran expresividad que se tiene a estas edades; venimos a nombrarlos: Ariadna y Emma Callejón Torres, Desirée y Érika Mora Prieto, Lucía Cortés Muñoz, María Fernández Mallarín, Rafael lópez Lardín, Ishane Rodríguez El Yaagoubi, Idaira Gea Bosquet, irene Alarcón Lorite, Álvaro López Moreno, Juan Francisco Rodríguez Serrano y Antonio Cabrerizo Pradas.

VÍDEO

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